martes, 24 de abril de 2007

Conceptos de Objetividad e Imparcialidad

Fernando Pérez Celis

Para un diccionario o enciclopedia, los conceptos arriba señalados se definen de la siguiente manera:

Imparcialidad: f. Falta de designio anticipado o de prevención en contra de personas o cosas, de que resulta poderse juzgar o proceder con rectitud.

Objetivismo: m. Objetividad. Doctrina filosófica según la cual el objeto tiene prioridad sobre el sujeto.[1]

Estas definiciones dejan claras dos cosas: Primero, la imparcialidad consiste en no tomar partido dentro de una cuestión dada con el fin de tratarla de la mejor manera posible. Segundo, la objetividad es considerada una doctrina, y por tanto, una manera de ver y entender el mundo, según la cual los objetos están por encima de quienes los conocen.

Como se puede observar, estos conceptos con las respectivas definiciones dadas arriba son imposibles dentro del discurso histórico por dos cosas: Primero, todo historiador toma partido dentro del tema o temas de investigación que decide historiar, de hecho, el mismo acto de decidir que historiar es ya una toma de partido. Segundo, dentro del quehacer histórico no puede haber doctrina, ni teórica, ni metodológica, ni hermenéutica (mucho menos hermenéutica) ni de ningún tipo, ya que toda doctrina es teleológica y como el discurso histórico es una constante reinterpretación de las visiones del acontecer, no puede tener una visión que lo totalice o finalice. Además, de que en historia la distinción entre sujeto y objeto es inexistente, ya que son los seres humanos (sujetos) en su devenir aquello que se estudia (objeto) por otros seres humanos según su contexto presente.

Un acercamiento a un diccionario más pertinente con respecto a las humanidades ofrece estas definiciones.

Objetividad: Carácter de lo que es objetivo. Calidad de objetivo. Propiedad fundamental de la existencia de los procesos, la cual no depende de las sensaciones, ni tampoco de la conciencia, el pensamiento, las pasiones, la voluntad, la imaginación, el conocimiento o la ignorancia de los sujetos que la conocen.

Parcialidad[2]: Conjunto de varios o muchos separados del común. Prejuicio injusto a favor o en contra de personas o cosas. La imparcialidad sería por tanto, todo el conjunto que conforma al común o la carencia de ese prejuicio[3].
Se creyó que un diccionario de la lógica, una de las tres partes en que se divide la filosofía, podría dar mayores luces sobre estos dos conceptos al respecto de la historia que, ciertamente, es una humanidad y que, en nuestra universidad, constituye uno de los colegios de la Facultad de Filosofía y Letras, mas la sorpresa es grande al encontrar que: la definición para imparcialidad expuesta en este diccionario es una paráfrasis de la definición de un diccionario o enciclopedia común, mientras que la definición de objetividad, si bien ya habla de procesos, cosa sumamente valiosa en el discurso histórico, la separa por completo del ser humano, ya que anula condiciones inherentes a éste para tener ella cabida: ¿Qué haría un historiador sin sus sensaciones, su conciencia, sus pasiones, su voluntad, su imaginación y su capacidad de conocer? En otras palabras, ¿Podría alguien ser historiador sin esas condiciones?

Después de no encontrar una respuesta satisfactoria ni en los diccionarios y enciclopedias convencionales, ni en un diccionario de lógica, se tomó la decisión de pasar a los diccionarios de filosofía. Otra gran sorpresa fue el encontrar que ni el Brugger ni el Ferrater tenían las entradas de objetividad e imparcialidad, aunque pensándolo bien, quizá estos autores en su formación filosófica han desechado dichos conceptos. Sin embargo, Abbagnano y Comte-Sporville, en sus respectivos diccionarios de filosofía, aunque, por lo visto, tampoco creen en la imparcialidad, si hablan sobre la objetividad.

Abbagnano señala: “Objetividad…1) En sentido objetivo: carácter de lo que es objeto. En este sentido Hussserl habló de una «objetividad prístina que tendría el privilegio de representar la cosa misma, frente a las propiedades, relaciones, etc, de la cosa». 2) En sentido subjetivo: carácter de la consideración que intenta ver el objeto tal como es, prescindiendo de las preferencias y de los intereses del que los considera y basándose solamente en procedimientos intersubjetivos de comprobación y de control”[4].

De nueva cuenta, lógicamente no hay una objetividad en sentido objetivo así que concentrémonos en la de sentido subjetivo. Al decir Abbagnano que se debe de prescindir de las preferencias e intereses, se está cayendo en el error de confundir a la objetividad con la imparcialidad. Y una vez más, todo lo que construyamos con la mente va a depender de preferencias e intereses, de nuestra conciencia, nuestra pasión, nuestra voluntad, etc. Así pues la definición de Abbagnano, de carácter positivista, es inoperante para la historia.

Véase lo que dice André, Comte-Sponville: “Objetividad: Consiste en ver o conocer las cosas tal como son o como se muestran, con independencia, si es posible, de nuestra subjetividad, y, en cualquier caso, de lo que nuestra subjetividad puede tener de particular o parcial. En la práctica, consiste en ver las cosas tal como las puede ver cualquier observador de buena fe, cuando no está apasionado y carece de prejuicios. Es evidente que la objetividad nunca es absoluta (porque el conocimiento sólo existe para un sujeto), pero eso no autoriza a decir que sea imposible, pues entonces las ciencias y la justicia también lo serían”[5].

¡Otra vez la burra al trigo! Perdón por lo burdo de la expresión, pero Comte-Sponville también confunde la objetividad con la imparcialidad al querer ver la objetividad con independencia de nuestra particularidad o parcialidad, al querer dejar fuera las pasiones y los prejuicios. Lo único rescatable es que no la considera imposible.

Lo ideal será, cosa que se debió hacer desde el principio, ver la opinión de un historiador sobre la objetividad y la imparcialidad.

Alfredo López Austin, historiador por todos conocido en la Facultad de Filosofía y Letras (y si no es así, un sentido pésame), dijo en una de sus clases del semestre 2007-I (perdón por lo impreciso de la cita): “No confundan la objetividad con la imparcialidad. Son dos cosas distintas. El historiador siempre llega a un tema de investigación por algún prejuicio, es más, sin prejuicios no habría investigación. Pero ello no significa que estas investigaciones no se puedan hacer con rigor científico, es decir, tener una serie de premisas que se vayan confirmando o desechando a través de las fuentes en el transcurso de la investigación.” quizá se ha parafraseado a este gran hombre, pero lo que puede tener por seguro el lector, es que esta visión de objetividad e imparcialidad no estaría escrita aquí si no fuese por aquella clase.

Adam Shaft, un teórico de la historia, habla de la objetividad de la siguiente forma:
“hemos distinguido tres acepciones del adjetivo «objetivo» empleado para calificar el conocimiento. Recordemos estas tres acepciones:
1) Es «objetivo» lo que procede del objeto, o sea cuanto existe fuera e independientemente de la conciencia cognoscente; por tanto, es «objetivo» el conocimiento que refleja, en una acepción particular del término, este objeto;
2) es «objetivo» lo que es cognoscitivamente válido para todos los individuos;
3) es «objetivo» lo que está exento de afectividad y, en consecuencia, de parcialidad.”[6]

Analicemos por partes estas tres definiciones. La número uno al hablar de lo objetivo como algo independiente de la conciencia cognoscente, es decir, del sujeto que conoce. No aplica según la visión que hemos manejado a lo largo del estudio de estos términos, y el mismo Shaff lo reconoce en cierta medida: “El sujeto desempeña en el conocimiento histórico un papel activo, y la objetividad de este conocimiento siempre contiene una dosis de subjetividad. De lo contrario este conocimiento sería ahumano.”[7]. Una reflexión de María Rosa Palazón y de Fernando Betancourt al respecto se refiere al hecho de que desde el momento que, en cualquier rama del conocimiento o ciencia, utilizamos categorías del lenguaje para explicar o definir el objeto estudiado interviene la subjetividad, de tal forma que lo que sabemos de los objetos no está dado por el objeto en sí, sino por la interpretación con que, a través del lenguaje, definimos las cosas. En otras palabras, lo objetivo es imposible en el sentido de esta primera definición.

La segunda definición, nos habla de que lo objetivo es un conocimiento de carácter universal, en donde es valido para todos los sujetos cognoscentes. Esta visión se acerca un poco a la de López Austin en el sentido de que habla de una validez. En historia esa validez se obtiene a través del análisis de las fuentes y de la argumentación hecha a través de ellas. Sin embargo, yo no me atrevería a decir que es un conocimiento válido para todos los individuos o universalmente, sino que es válido para aquellos que según su propia experiencia pueden asimilar con acuerdo los argumentos del historiador.

La tercera y última acepción, trabaja de manera conjunta la objetividad y lo exento de parcialidad, es decir, la imparcialidad. La visión de Lopéz Austin es clara al respecto. No hay imparcialidad, todo mundo trabaja a partir de un prejuicio. La objetividad se logra a través de un análisis de fuentes trabajado con rigor científico (esto implica un sustento teórico y metodológico por parte del historiador) en el que se demuestren o se desechen premisas. Shaff después de un estudio detallado, llega a una conclusión similar, sobre la objetividad y la imparcialidad:
“Si la objetividad del conocimiento significara la exclusión de todas las propiedades individuales de la personalidad humana, si la imparcialidad consistiera en emitir juicios de valor renunciando al propio punto de vista y al sistema de valores aceptado, si la validez de los juicios universales consistiera en la eliminación de todas las diferencias individuales y colectivas, la objetividad sería pura y simplemente una ficción, ya que supondría que el hombre es un ser sobrehumano o ahumano.”[8]

Conclúyase, pues, lo siguiente. La imparcialidad entendida como carencia de prejuicios en la investigación, es una ficción en la historia. No hay historia sin prejuicios[9]. Por lo que respecta a la objetividad, se puede decir que ésta no es más que una argumentación fundamentada en las fuentes del investigador que hagan de su investigación una interpretación inteligible y aceptable para quienes, en función de su propia experiencia, sean juicios válidos los emitidos por el historiador[10].

Cómo explicar los conceptos de objetividad e imparcialidad a los alumnos de educación básica

Los conceptos de objetividad e imparcialidad a pesar de ser de carácter teórico bien pueden ser explicados según mi parecer. La cuestión está en cómo hacerlo. Así lo haría yo.

Educación primaria

“Bueno niños es importante que sean consientes de lo que es la objetividad y la parcialidad. La objetividad consiste en que lo que digo tenga relación con lo que hago para que sea creíble. Por ejemplo, si Pablito y Lucho se pelean (como acostumbran) mientras yo salgo a la dirección, y cuando regreso los veo a los dos llorando y ensangrentados, voy a preguntar «¿Qué pasó?» Entonces, si ellos dicen «Nada» yo no les voy a creer porque lo que dicen no tiene relación con lo que las pruebas me muestran que hicieron.
Lo anterior, es muy común en la historia, el historiador debe decir las cosas en función de lo que las pruebas, que en historia se conocen con el nombre de fuentes de información, dicen que se hizo o sucedido alguna vez. Por ejemplo. En su libro de texto de historia dice que los olmecas son la cultura madre en el México prehispánico; pues bien, eso lo escribió el historiador [quiero creer que son escritos por historiadores] que hizo su libro de texto después de haber revisado varios textos en donde arqueólogos y otros historiadores tratan de demostrar que los olmecas fueron la primer cultura desarrollada en el México prehispánico y que algunas de las cosas que ellos desarrollaron fueron usadas también por las demás culturas prehispánicas como los toltecas, los zapotecos o los mayas.”

Por muy burda que parezca esta forma de decirlo creo que es asequible para un niño de primaria.

Después de explicar lo anterior correspondería continuar con el concepto de imparcialidad. El cual explicaría así

“Ahora hablemos de la segunda palabra que les mencioné al principio: La parcialidad. La parcialidad consiste en tomar postura al decir o hacer algo. Por ejemplo, si yo le preguntase a Jorge, que es muy amigo de Pablito, quién empezó la pelea, el me diría que fue Lucho. Por otro lado, si le preguntara lo mismo a Israel, el cuatacho de Lucho, el me diría que Pablito empezó. Así que en este caso, lo mejor que puedo hacer es preguntarle directamente a ellos y a otros de sus compañeros y después comparar sus versiones, para luego escoger la más acorde con lo que pasó según mi opinión. Algo similar hace el historiador de su libro de texto, revisa la mayor cantidad de información posible y de ahí elige según su opinión lo que más se adecua al tema que está tratando. Como sería en el caso de los olmecas que les conté hace rato.”

Según mi opinión, estas explicaciones les podrían hacer entender lo suficientemente bien lo que es la objetividad y la parcialidad, no he querido hablar de imparcialidad porque es algo que para mi no existe, según lo he aprendido a lo largo de la carrera, y creo que desde pequeños valdría la pena, según creo, hacer que los alumnos lo tomasen en cuentan.





Educación secundaria

Para los alumnos de secundaria usaría un ejemplo similar, pero usando un vocabulario no tan simple y más conforme al contexto de los muchachos. En primera, no diría ni Pablito, ni Lucho, ni cuatacho; sino sus nombres y apellidos (esto último se acostumbra mucho en secundaría) y en vez de decir cuatacho diría valedor o compa (dependiendo de la forma en que ellos se hablen entre sí). Tampoco usaría ya el término palabra para referirme al concepto, sino que usaría ya el término concepto; de la misma forma no les hablaría de opinión sino de criterio de selección. Es decir, buscaría que su vocabulario se enriqueciera un poco.

Aunado a lo anterior, con los alumnos de secundaria haría uso de la definición etimológica de los términos y explicaría la diferencia entre imparcialidad y parcialidad. A ellos les haría ver porque creo que la imparcialidad es inexistente para mí, o por lo menos, hacerles ver porque creo que es un concepto poco pertinente.

“Cómo podrán ver la imparcialidad no es aplicable, ya que los amigos de nuestros púgiles apoyarían cada quien a uno en particular según se criterio de amistad, por otro lado, mi criterio de selección sería el que prevaleciera al final y estaría en función de la selección de todas las opines que recabara sobre las causas de la pelea para decir quien empezó la misma y por lo tanto quien recibirá el mayor castigo. De igual forma el historiador de su libro de texto elige entre muchas fuentes de información aquellas que según su criterio se apegan más con respecto al acontecimiento (tendría que explicarles la diferencias entre hecho y acontecimiento) estudiado. Lo anterior, por lo tanto, nos lleva a dos conclusiones: Primero, la imparcialidad es algo que no puede suceder, siempre se toma partido ante una situación, lo cual no implica que se le reste validez a dicha toma de partido (mis criterios de selección estarían fundamentados en las opiniones recabadas acerca de la pelea y el historiador en las informaciones de sus fuentes); y segundo, nada de madrazos en mi clase porque con mis criterios de selección me los atoro. [Esto último se puede prestar al albur pero sería una buena forma de tenerlos al pendiente de lo que estoy diciendo]”.

Conceptos de objetividad e imparcialidad para la educación media superior

Lo primero sería entender un poco del contexto de los alumnos para usar los términos adecuados para explicar los conceptos que les quiero dar (esto valdría incluso para el manejo de todas las clases). Darles la etimología de las palabras, pero habiéndoles primero pedido en la clase precedente, como tarea que influyese en su calificación (los alumnos no toman las tareas en serio sino encuentran un beneficio directo en ello, y en la mentalidad del estudiante mexicano, según mi experiencia, la calificación en una materia, más que el conocimiento logrado en la misma, es el primer beneficio que encuentran en las tareas), que buscasen los conceptos en los diccionarios de la biblioteca de la escuela (esos diccionarios los debo haber revisado yo previamente). Después presentaría un ejemplo que les permitiese ver la aplicación de esos conceptos en el conocimiento histórico, dicho ejemplo no sería muy distinto a los aplicados arriba, únicamente cambiaría el vocabulario utilizado.
Así lo explicaría yo.

“Dentro de su formación en torno a esta materia, muchachos, es necesario que tengan una noción lo mas clara posible de los conceptos de objetividad e imparcialidad. El concepto objetividad se forma a partir del latín obiectus y la terminación idad[11]. Obiectus y objeto es todo aquello susceptible de ser conocido y la terminación idad hace referencia a la calidad de objetivo, es decir, a aquello que puedo se tomado como objeto. Ahora bien, extrapolando este concepto a la historia, la objetividad consiste en llegar a un conocimiento de los hechos (lo que pasó) y procesos (seriación de hechos) históricos a través del análisis, revisión detallada y comparada, de las fuentes informativas para el historiador; seleccionando aquello que el historiador considera según su criterio lo más adecuado para explicar esos hechos o procesos. Por ejemplo, al final de cada capítulo del libro que estamos usando en la clase, ustedes ven que el autor presenta una bibliografía, pues de esos libros el seleccionó la información que consideró más adecuada para explicar los temas vistos en los capítulos correspondientes.”

Según mi punto de vista, este es un buen ejemplo para explicar la objetividad.

Siguiendo con la explicación, al hablar de la imparcialidad me expresaría así: “Por lo que respecta a la imparcialidad, tenemos que tener presente que se forma de tres partes el concepto. Im que quiere decir falta o carencia. Parcial que proviene del latín partialis, que a su vez deriva de pars, partis que significa parte, se refiere una toma de postura con respecto a algún asunto. y la terminación idad de nueva cuenta nos habla de la calidad de algo[12]. Por lo tanto, la imparcialidad sería el no tomar postura con respecto a una situación o temática. Cosa que es imposible en la historia, todo historiador desde el momento de elegir un tema de investigación lo hace desde una postura en particular, según sus prejuicios o experiencia propia, para exponer así lo que él cree más adecuado en torno a un tema”.

Sé que estas definiciones pueden causar polémica e incluso crear inconformidad tanto en los tres niveles de educación a los que las dirigí, pero eso sería lo mejor porque significaría que los alumnos están comprometiéndose con el tema, es decir, reflexionando y cuestionando los términos.

Este ensayo está abierto a todas las críticas constructivas posibles.
[1] Entradas. “Imparcialidad” y “Objetivismo” en Océano-Langenscheidt. Compact Diccionario Enciclopédico. Océano grupo editorial. S. A. España. 1999. pp. 812 y 1106. Ver también: Selecciones del Reader’s Digest. Gran Diccionario Enciclopédico Ilustrado. México. Reader’s Digest México, S. A. de C. V. 1972. VIII vols. Las entradas correspondientes están en los tomos 4 y 6.
[2] Este diccionario no cuenta con la entrada imparcialidad pero cuenta con el antónimo de la misma, así que podemos inferir la primera a partir del significado del segundo.
[3] Entradas “Objetividad” y “Parcialidad” en de Gortari, Eli. Diccionario de la lógica. Plaza y Valdés editores. México. 1988. pp. 350 y 371,
[4] Entrada “Objetividad” en Abbagnano, Nicola. Diccionario de filosofía. 2a ed. Trad. Alfredo N. Galletti. México. FCE. 1974. p 865.
[5]Entrada “Objetividad” en Comte-Sponville, André. Diccionario filosófico. Trad. Jordi Terré. Barcelona. Paidos. 2005. p. 377.
[6] Shaff, Adam. Historia y verdad. Grijalbo. México. 1974. (Enlace). p 336.
[7] Ibíd. p. 337.
[8] Ibíd. p. 342.
[9] Esta noción sobre la inexistencia de imparcialidad en historia se puede ver en: Iglesia, Ramón. “La historia y sus limitaciones” en La teoría de la historia en México (1940-1973). México. SEP. (Sepsetentas 126) 1974. pp 94-120; O´Gorman, Edmundo. “Historia y Vida (1956)” en La teoría de la historia en México (1940-1973). México. SEP. (Sepsetentas 126) 1974. pp 121-151; y Gaos, José. “Notas sobre la historiografía (1960)” en La teoría de la historia en México (1940-1973). México. SEP. (Sepsetentas 126) 1974. pp 66-93.
[10] Para un acercamiento a esta noción ver Carr, Edward Hallet. ¿Qué es la historia? 2° ed. Trad. Joaquín Romero Maura. Barcelona. Editorial Ariel. 2003. 246 p. (Véanse particularmente las páginas 82-105. En donde la interpretación del historiador, influenciada por sus juicios de valor o parcialidad son las que llevan a la conformación de un discurso histórico argumentado, y es ahí donde está la objetividad)

[11] Selecciones del Reader’s Digest. Op. cit. p. 5. Tomo 6
[12] Ibíd. p. 146.